7 enero 2026

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Dos caras de un mismo acrónimo: Novedades del SAT en México y el debate universitario en Estados Unidos

Es curioso cómo tres letras pueden dominar la conversación pública en dos naciones vecinas por razones completamente distintas. Mientras que en México el Servicio de Administración Tributaria (SAT) marca el ritmo de la vida fiscal con nuevas regulaciones y plazos fatales, al otro lado de la frontera, el acrónimo homónimo —Scholastic Assessment Test— se encuentra en el centro de una acalorada discusión sobre el futuro de la educación pública. A continuación, analizamos cómo estas dos instituciones están redefiniendo las reglas del juego en sus respectivos ámbitos.

Nueva oportunidad para la regularización fiscal

En el escenario nacional, la autoridad tributaria ha decidido dar un respiro a los contribuyentes. El SAT confirmó la emisión de una nueva prórroga destinada a dos frentes críticos: la transición obligatoria a la factura electrónica 4.0 para nómina y la obtención de la firma electrónica (e.firma) para aquellos inscritos bajo el Régimen Simplificado de Confianza (Resico). Esta medida no es fortuita; el objetivo central es asegurar que la información proporcionada para la emisión de los Comprobantes Fiscales Digitales por Internet (CFDI) coincida perfectamente con los registros que ya obran en las bases de datos del fisco.

Derivado de la reciente reforma fiscal, se han vuelto obligatorios ciertos datos del receptor del CFDI que antes podían pasar desapercibidos, tales como el Registro Federal de Contribuyentes (RFC), el nombre o razón social exacto, el código postal del domicilio fiscal y el uso que se le dará al comprobante. Para evitar discrepancias que paralicen la operatividad de las empresas y trabajadores, aquellos obligados a emitir recibos de nómina tendrán la opción de seguir utilizando la versión 3.3 por un tiempo extendido.

El reto del Régimen Simplificado de Confianza

Por otro lado, el organismo enfatizó que el Resico para personas físicas fue diseñado como una herramienta de simplificación administrativa y de gestión. La promesa es permitir a los ciudadanos cumplir con sus obligaciones de manera rápida y eficaz. Sin embargo, esta facilidad no exime de ciertos requisitos fundamentales para tributar bajo este esquema, siendo el más apremiante contar con la e.firma activa. La prórroga busca precisamente evitar que los contribuyentes sean expulsados de este régimen benéfico por faltas administrativas subsanables.

La controversia académica en el vecino del norte

Mientras los contadores mexicanos ajustan sus sistemas, en Estados Unidos el debate sobre su propio SAT gira en torno a la equidad y la excelencia académica. La pregunta que permea en los círculos educativos es si los exámenes estandarizados son adecuados para las universidades públicas. La autonomía de los estados para establecer sus propias políticas de educación superior ha creado una serie de “experimentos naturales” a lo largo del país, arrojando luz sobre qué enfoques funcionan mejor según el contexto. Debido a la importancia de las consideraciones locales, existen pocas recetas políticas universales que puedan recomendarse con total certeza.

Lamentablemente, esta complejidad a menudo se pasa por alto. En un reciente ensayo, el académico Saul Geiser argumentó que el SAT es una herramienta inadecuada para las universidades públicas, una postura que merece ser analizada con lupa. Si bien es cierto que la misión de una universidad debe moldear su política de admisión, descartar las pruebas estandarizadas sin considerar cómo las instituciones definen sus prioridades operativas resulta, cuando menos, precipitado.

Estratificación y el Plan Maestro de California

Uno de los puntos flacos en los argumentos contra el examen estandarizado radica en la comparación errónea entre instituciones privadas de élite y los sistemas universitarios públicos. Estos últimos, como se observa en el famoso Plan Maestro de Educación Superior de California, incluyen desde campus insignia de alto nivel hasta una gama más amplia de instituciones. Este sistema fue celebrado por establecer una educación postsecundaria con misiones diferenciadas: los colegios comunitarios para el acceso abierto, la Universidad Estatal de California (CSU) para el tercio superior de graduados, y la Universidad de California (UC) reservada para la élite académica enfocada en la investigación.

Al utilizar el rango de la clase de preparatoria para clasificar a los estudiantes, se estableció una línea base para las admisiones. Esto permitió el surgimiento de campus públicos de élite en Berkeley y Los Ángeles, priorizando la excelencia académica, mientras que el sistema CSU funcionaba como motor de movilidad social. Reorientar el análisis hacia una comparación entre instituciones públicas y privadas de élite habría proporcionado una base mucho más sólida para discutir la admisión selectiva, dado que ambos tipos reciben muchas más solicitudes que los espacios disponibles.

La medición de la excelencia académica

En un entorno de admisiones competitivo, la evaluación no se trata solo de si el solicitante cumple con los estándares mínimos, sino de cómo ha logrado destacar por encima de otros. Muchos investigadores coinciden en que el uso conjunto del promedio de calificaciones (GPA) de la preparatoria y los puntajes de exámenes estandarizados ofrece la evaluación más precisa del potencial académico. De hecho, investigaciones previas han demostrado que combinar ambos factores predice mejor las calificaciones del primer año universitario que el uso aislado del promedio escolar.

Es razonable esperar que los predictores de éxito varíen según la disciplina; el currículo de un artista difiere sustancialmente del de un ingeniero aeronáutico. Por ello, los programas académicos podrían beneficiarse al establecer estándares de admisión calibrados a sus competencias específicas. Aunque se argumenta que los estándares académicos no han decaído en el sistema de la Universidad de California desde que se eliminaron las pruebas obligatorias hace cuatro años, reportes recientes del Senado Académico, como el de la UC San Diego, han comenzado a revelar datos que sugieren que el tema está lejos de estar resuelto y que la discusión sobre cómo medir el mérito continúa abierta.