Entre el espejismo del acuerdo y la cruda realidad: Por qué el petróleo barato podría ser una ilusión
El mercado petrolero abrió la semana con un respiro que, a simple vista, parecía prometedor. Los precios del crudo cayeron de golpe frente a los reportes de que un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán era inminente, arrastrando los futuros del crudo Brent cerca de un 7% hasta rozar los 93.42 dólares, su nivel más bajo desde mediados de abril. La noticia inyectó una dosis de adrenalina en los mercados globales; los futuros del Dow Jones se fueron al alza y los rendimientos de los bonos europeos bajaron mientras el pánico por la inflación se enfriaba un rato. El Brent llegó a resbalar por debajo de la barrera psicológica de los 100 dólares por primera vez en días.
Pero la fiesta duró muy poco. El presidente Trump salió a decir a los medios durante el fin de semana que, si bien las negociaciones avanzaban de manera “ordenada y constructiva”, soltó la cubetada de agua fría: “no hay prisa”. Y lo más crítico de todo, confirmó que el bloqueo estadounidense en el Estrecho de Ormuz se queda como está. El rebote de los precios no se hizo esperar. Mientras los traders literalmente se rascan la cabeza tratando de adivinar el siguiente movimiento, los analistas del sector están encendiendo las alarmas, advirtiendo que el mercado está subestimando el tamaño real de la bronca en la que estamos metidos. Esto es territorio completamente inexplorado para el petróleo.
Resulta hasta irónico ver el terco optimismo de los mercados. Desde que el ejército iraní cerró el Estrecho de Ormuz como respuesta a los ataques con misiles de Estados Unidos e Israel, el consenso en el piso de remates juraba que este cuello de botella no iba a durar más de unos días, o tal vez un par de semanas. Ya pasaron tres meses y ese mismo optimismo sigue dictando las reglas del juego. Los operadores llevan siete semanas consecutivas engordando sus posiciones en corto, apostándole con todo a que la crisis se va a resolver pronto. De acuerdo con datos de John Kemp, para el 19 de mayo las posiciones bajistas en el Brent ya se habían disparado a 100 millones de barriles, un salto brutal desde los 40 millones que traían a finales de marzo.
El problema es que la realidad física del mercado cuenta una historia muy distinta y bastante más pesimista. Hay unos 14 o 15 millones de barriles diarios que de plano desaparecieron del suministro global de crudo. El estrecho sigue paralizado y el efecto dominó ya le está pegando a todos lados. Fatih Birol, jefe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), no se anduvo con rodeos a principios de mes: si no vemos mejoras rápido, podríamos entrar en una “zona roja” para julio o agosto. Y los datos de inventarios le están dando la razón, dejando claro que su advertencia no es puro alarmismo teórico.
Las reservas de petróleo se están evaporando rápidamente porque simplemente no está saliendo petróleo nuevo del Medio Oriente, justo en el momento en que la demanda empieza a repuntar por la temporada alta de viajes de verano. Pero la escasez inmediata por el bloqueo es solo la punta del iceberg. El verdadero monstruo debajo de la cama son los años de inversión raquítica en nueva oferta petrolera a nivel mundial.
Como bien lo señalaron los analistas de recursos naturales Leigh Goehring y Adam Rozencwajg en su último reporte trimestral, la inversión en la industria del gas y el petróleo lleva cerca de una década estancada. Si sacamos de la ecuación el boom del shale en Estados Unidos que arrancó por ahí de 2010, la producción global simplemente dejó de crecer. Para colmo, el ritmo de crecimiento en los campos de shale estadounidenses también está pisando el freno.
Cuando juntas esta falta crónica de inversión con el cierre de Ormuz, te topas de frente con una estrechez de suministro que no tiene precedentes. Los expertos en energía ya están advirtiendo que este cóctel podría empujar al crudo Brent a estacionarse en un rango de 120 a 150 dólares por barril durante un buen tiempo. Quizá los mercados financieros sigan apostando a la baja por el espejismo de un acuerdo diplomático, pero los millones de barriles que faltan hoy en el mundo no van a aparecer por puro optimismo.